Mindfulness, la conciencia plena: ¿terapia eficaz o moda comercial?

http://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/mindfulness-coaching-talleres-bienestar_0_475953472.html

 

Esta técnica, basada en la meditación budista vipassana, ha sustituido al coaching como terapia de moda para solucionar los problemas personales.

Tras el coaching, llega la hora del mindfulness

Según la escuela vipassana, viviendo solo y totalmente el presente conseguiremos la relajación absoluta y la plenitud, lejos del estrés y el sufrimiento. De este estado derivará no solo una actitud positiva frente a la vida, sino también una mejor salud mental y física. Así lo entendió en 1979 el médico norteamericano Jon Kabat-Zinn, cuando adaptó las técnicas vipassana al formato occidental y las rebautizó como mindfulness o conciencia plena.

Kabat-Zinn fundó así una escuela que con el tiempo ha tenido repercusión no solo en la psicología clínica y la sexología, sino también en una pléyade de sanadores de lo que podríamos llamar ‘las angustias sociales contemporáneas’ y que tras explotar el coaching, el psicodrama y otras modalidades, ahora encuentran en el mindfulness el modo de seguir vendiendo sus servicios. Muchos de ellos son cursos de fin de semana, o de un determinado cupo de horas semanales o mensuales, para aprender las técnicas que nos harán dominar el presente y alejar la angustia por el pasado y el futuro.

Internet viene llena de columnas de opinión en las que ‘especialistas’ en mindfulness aseguran que, por unos pocos euros, esta técnica es la tabla de salvación de la mujer y el hombre modernos, bombardeados por el exceso de información y la multitarea, obsesionadas y obsesionados con saberlo todo y a la vez atormentados por el ritmo al que cambian los acontecimientos. Según ellos, todo se antoja más inestable que nunca y pasado y futuro se funden al ritmo de la era digital, aplastando en medio al presente, cada vez más esclavizado por la necesidad de estar informados de todo.

El calor de una copa de vino… más allá del vino

Alfonso Antona es antropólogo, sexólogo y fundador del Instituto Antona, centrado en el desarrollo personal. Reconoce que utiliza el mindfulness en su trabajo, sobre todo a la hora de solucionar conflictos sexuales de sus pacientes, en lo que él llama “ mindful sex“. Pero señala que “para mí es solo una herramienta útil entre tantas otras, no una filosofía en sí misma”.

Antona, que apostilla que “hay mucho vendedor de crecepelo mágico en el sector del mindfulness”, explica con un ejemplo gráfico cómo funciona está escuela meditativa: “Imagina que vas a tomar una copa de vino; tienes dos opciones: la primera es bebértelo de golpe y la segunda desarrollar todo un ritual entorno a la copa oliendo el vino, apreciando su color, sus matices, dejando que madure y luego sorbiéndolo poco a poco, manteniendo en la boca el mayor tiempo posible para apreciar todo su potencial”.

El mindfulness corresponde a la segunda opción y en su analogía el vino es el presente, que podemos beber de un solo trago o bien concentrarnos en degustarlo. “En mis terapias de conducta sexual, yo utilizo técnicas de mindfulness para que el paciente aprenda a apreciar el momento del acto sexual, las sensaciones que le provoca el cuerpo de su pareja -los olores, el tacto, la voz, etc.- y se olvide de los condicionantes que pueda tener porque de este modo conseguirán orgasmo pleno”, explica Antona.

El sexólogo añade: “esto no va a solucionar tus problemas de pareja, de acuerdo, pero sí te permite disfrutar de los momentos buenos, lo que te otorga una mejor predisposición”. Para Antona, por otro lado, “no es necesario recurrir al budismo para reivindicar el mindfulness; también está en nuestra tradición, por ejemplo en el acto de pasar las cuentas del rosario y otras situaciones que reclaman concentración y por tanto nos abstraen de las angustias y las luchas interiores, de modo que rompen los ciclos de pensamientos negativos obsesivos.

Cuidado: no todo es humo en el mindfulness

¿Debemos armarnos de escepticismo y llevarnos la mano a la cartera cada vez que oímos la palabra mindfulness? Parece que no, a juzgar por los resultados logrados por la escuela de Jon Kabat-Zinn. Las técnicas de meditación, y relajación en general, se han utilizado desde antiguo con éxito en la psicología clínica. Por lo tanto el mindfulness, que es en el fondo un escuela de meditación, también ha logrado sus éxitos -según algunos estudios, si bien no hay metaanálisis que lo corroboren- en reducir el estrés y la depresión y en mejorar la actitud mental de enfermos crónicos y de cáncer.

También entre sus éxitos estarían, según algunos estudios,  una mejor disposición del sistema inmunológico y una reducción sensible del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares entre sus practicantes. Por lo tanto, algo puede haber de verdadero y de bueno en el mindfulness y en la meditación en general.Eparquio Delgado, psicólogo clínico y autor del libro ‘Los libros de autoayuda: ¡vaya timo!’, asegura que “hay que diferenciar entre lo que es el mindfulness en sí y lo que se vende ahí fuera”, en referencia a la oferta de cursos y talleres existente.

Para Delgado, “el mindfulness como filosofía de vida es tan lícita como cualquier otra, pero no tiene por qué ser la solución a nuestros problemas y además no se consigue una ‘actitud mindfulness’ con cuatro cursillos”. Según este psicólogo, que asegura usar técnicas de mindfulness con algunos de sus pacientes, se trata más de una herramienta útil en las terapias que de un fin en si mismo, al igual que sucedía con Antona.

Pero para Delgado el valor del mindfulness se ha pervertido socialmente “porque la filosofía vipassana tiene como objetivo que el sujeto se acepte a sí mismo y sus circunstancias, sean las que sean, pero no reducir el malestar”. En este sentido, Delgado acepta que el mindfulness es válido como herramienta clínica, pero no como remedio a corto plazo a los problemas del paciente: “se miden sus resultados de un modo cortoplacista, pero la realidad es que no podemos pasarnos el día practicando mindfulness para atajar una angustia que seguramente nos generan conflictos profundos”.

¿Efectos adversos?

Delgado cree que el uso del mindfulness está un poco fuera de control: “he leído que se usa con niños y adolescentes para reducir los déficit de atención, pero no he visto todavía ningún estudio que corrobore que tiene efectos positivos en este tipo de pacientes”. En opinión de Delgado, “ante la posibilidad de que pueda provocar consecuencias indeseables, y hasta que se descarten, su uso con fines terapéuticos debería estar supervisado por profesionales con formación en psicopatología”.

Por el momento, el diario inglés The Guardian daba noticia en 2014 sobre algunos casos de efectos adversos en pacientes practicantes de mindfulness: el psiquiatra Florian Ruths, partidario del uso de la técnica, descubrió que en algunos pacientes puede provocar despersonalización, que es la sensación por parte de la persona de verse a sí misma como en una película.

También en un proyecto de meditación terapéutica de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, llamado de Proyecto Noche Oscura, algunos meditadores fueron presa de recuerdos traumáticos, con lo que en lugar de reducir su nivel de ansiedad y estrés, lo aumentaron. Mientras tanto, la moda va calando en numerosos sectores sociales; el último el empresarial, donde empresas como Google, IBM, Apple, Nike, Barclays, Procter&Gamble, Starbucks, KPMG, Vodafone, PWC, NASA y parece que hasta La Caixa, lo recomiendan a sus empleados.

Más información:

https://en.wikipedia.org/wiki/Mindfulness

Cómo formar a profesores de élite

Artículo de Jose Antonio Marina para El País:

http://politica.elpais.com/politica/2016/05/26/actualidad/1464262077_904773.html

JOSÉ ANTONIO MARINA 29 MAY 2016 – 01:30 CEST

Los docentes son clave. Es necesario fortalecer sus estudios iniciales y seguir la formación durante la carrera profesional

 

Todos los países están en estado de emergencia educativa. No sólo los que tienen una escuela de baja calidad, sino también los que la tienen excelente. Todas ellas están sometidas a la ley de Revans: “Para sobrevivir, un sistema educativo debe aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia su entorno”. Nuestro entorno lo hace aceleradamente. El futuro comienza a describirse con el acrónimo VUCA (vulnerabilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, en inglés). Esto nos ha introducido en la sociedad del aprendizaje, en la que todos —individuos, instituciones y la sociedad en su conjunto— vamos a tener que seguir aprendiendo continua y eficientemente.

Es significativo que el último libro de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, se titule La creación de la sociedad del aprendizaje, y dedique sus primeros capítulos a hablar de pedagogía. También lo es que la palabra empleabilidad comience a ser sustituida por el término learnability, la capacidad de aprender. Las empresas necesitan gente capaz de aprender continuamente. Esta situación es la que nos sitúa en estado de emergencia educativa, a la que los Gobiernos responden imponiendo continuas reformas.

En Política educativa en perspectiva 2015, la OCDE estudia 450 reformas educativas, parciales o totales, llevadas a cabo entre 2008 y 2014, con desigual fortuna. Se empieza a pensar que tenía razón Doug Ross, secretario de Empleo y Formación del Gobierno de Bill Clinton, cuando hace años sentenció: “Los nuevos pobres serán aquellos que no puedan o no quieran aprender”.

En este escenario, estamos ya presenciando una carrera entre grandes corporaciones para hacerse con lo que ya se avizora como el próximo negocio del trillón de dólares: la formación. Tal presión fuerza a los sistemas de enseñanza públicos a aumentar su conocimiento y calidad. Todos los estudios fiables nos dicen que el factor determinante de la calidad de un sistema educativo es la calidad de sus docentes. No es el único: le siguen la calidad de los equipos directivos, la autonomía de los centros y la colaboración con las familias.

Pero el protagonismo del profesorado está universalmente aceptado. Hace unos meses, el ministro de Educación me pidió que elaborara un Libro Blanco sobre la profesión docente. Con un equipo de expertos y la colaboración de más de 1.000 personas y colectivos, elaboramos una serie de propuestas para convertir a la profesión docente en una carrera de élite. La sociedad encomienda a la escuela cada vez más responsabilidades. Podríamos negarnos a aceptarlas, pero lo sensato es reclamar las ayudas necesarias para poderlas atenderlas bien. Por eso, propusimos fortalecer la formación inicial con la implantación de un MIR educativo que incluyera dos años de formación práctica, trabajando ya en escuelas seleccionadas, bajo la tutorización de docentes especialmente preparados.

Hay que reducir el abandono escolar y elevar el número de alumnos que siguen la secundaria posobligatoria

No se trata sólo de formar bien a los nuevos profesores, sino de mantener esa formación a lo largo de toda su carrera profesional. Además, parece conveniente considerar que el gran agente educativo es el centro, lo que hace necesario que los docentes sepan colaborar, elaborar proyectos compartidos, convertir el centro en una organización que aprende. Para conseguirlo, es también necesario mejorar los equipos de dirección, establecer canales de cooperación con las familias más fluidas que ahora, y también rediseñar el cuerpo de inspectores.

Es cierto que la escuela no es el único factor que influye en el éxito educativo de nuestros alumnos. Estudios solventes indican que el origen socioeconómico determina el 50% de los resultados escolares. Por eso, una parte importante de las reformas educativas deben ir enderezadas a apoyar a las familias en peores condiciones económicas. Para muchos niños, la escuela es el único ámbito protector que pueden disfrutar. Las escuelas deben ser centros de irradiación que atraigan y dirijan esfuerzos sociales para ayudar a sus alumnos. Un reciente estudio publicado por WISE (World Innovation Summit for Education) indica que es necesario un nuevo tipo de líderes escolares y de políticas públicas para movilizar y dirigir los esfuerzos sociales a favor de niños y adolescentes.

Creo que en España nuestra política debe ir dirigida a conseguir lo que he llamado Objetivo 5-5-5. Convertir nuestro sistema educativo en un sistema de alto rendimiento en cinco años, con un presupuesto del 5% del PIB (ya sé que sería mejor el 7%, pero el 5% lo hemos tenido ya y es viable para nuestra economía actual), y cumpliendo cinco metas educativas: 1) reducir el abandono escolar al 10% y elevar al 85% el número de alumnos que siguen educación secundaria posobligatoria. Ambos son objetivos señalados por la UE; 2) subir 35 puntos PISA. Este indicador no es perfecto, pero nos permite hacer comparaciones interesantes; 3) aumentar el número de alumnos excelentes, y reducir la distancia con los peores; 4) ayudar eficazmente a niños con dificultades de aprendizaje y con altas capacidades, para lo cual es necesario fortalecer los departamentos de orientación, y 5) introducir en los currículos las nuevas destrezas para el siglo XXI. No sólo es importante conocer, sino saber utilizar lo que se conoce.

¿Vamos a conseguir esos objetivos? No, a menos de que se establezca un pacto por la educación, en el que participen todos los partidos y los agentes sociales implicados. Se trata de actualizar el pacto constitucional sobre educación, recogido en el artículo 27 de la Constitución, aprendiendo de la experiencia de estos años. Los autores de la Carta Magna llegaron a un acuerdo mediante el recurso de aplazar las discrepancias, que serían resueltas por leyes ordinarias. Esto ha dado lugar al baile legislativo en educación que todos lamentamos.

Necesitamos estabilidad porque los planes educativos necesitan tiempo para funcionar

Necesitamos estabilidad porque los planes educativos necesitan tiempo para funcionar. En este momento, el mismo equipo que redactó el Libro Blanco sobre la profesión docente está redactando unos Papeles sobre el pacto educativo, haciendo acopio de toda la documentación que puede facilitar la tarea de quienes deben firmarlo. Hay muchas cosas claras y algunos puntos que hay que solucionar.

Para antes de las elecciones, nos hemos atrevido a presentar a los partidos políticos una hoja de ruta para una nueva ley educativa. Tiene tres fases y cada una de ellas exige concesiones a los partidos, pero también les ofrece oportunidades. Son las siguientes: mantener vigente la LOMCE como ley de transición, con algunos aspectos negociados con la oposición; elaborar un pacto educativo en el plazo máximo de seis meses, y, a partir de ese pacto, redactar una ley de educación que sirva al menos para una generación.

La ruta nos parece clara, lo malo es que no hay camino hasta que no se quiere andar por él.

José Antonio Marina es filósofo y pedagogo, autor de Despertad al diplodocus (Ariel) y Objetivo: generar talento (Conecta).

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14 cosas obsoletas en escuelas del siglo XXI

Decir que la escuela siempre ha sido así no cuenta como justificación legítima para que deba permanecer de esa forma. Alrededor del mundo, maestros y administradores están haciendo cosas asombrosas, como respuesta a todas las nuevas soluciones, investigaciones e ideas.escuelas
No estoy diciendo que deberíamos mejorar el sistema actual… deberíamos cambiarlo por otro.

Aquí una lista de 14 cosas que son obsoletas en las escuelas del siglo XXI y espero que inspiren un vivo debate acerca del futuro de la educación.

1. Salas de cómputo

La idea de llevar una vez por semana a todo un grupo a una sala de cómputo con equipo anticuado, para practicar sus habilidades con el teclado y regresarlos al aula 40 minutos después es obsoleta. Las computadoras o la tecnología no deben ser sólo una materia específica, esto ya no es suficiente; más bien, deberían ser una parte integral de todas las materias y estar incorporadas al currículum.

2. Aulas aisladas

Los salones pueden estar aislados en dos formas. Una donde no son bienvenidos los padres, maestros o invitados porque las puertas y cortinas siempre están cerradas… lo cual significa “No entre aquí”. La otra forma de estar aislado es estarlo a todo el conocimiento que está más allá de las cuatro paredes del aula. Por ejemplo, de Internet, videos, blogs, sitios Web y visitas de autores o científicos a través de Skype, solo por mencionar algunos.

Tony Wagner, autor de Global Achievement Gap, dice: “El aislamiento es el enemigo de la mejora”. El aula debe estar abierta, los maestros deben poder caminar en ella y aprender entre sí, los padres deben visitarla a menudo (por ejemplo, en los llamados días adicionales de escuela abierta, donde se invita a los padres a visitar las aulas en cualquier momento del día). Las aulas aisladas son, por lo tanto, obsoletas.

3. Escuelas que no tienen WiFi

Las escuelas que no tienen una sólida red WiFi para el personal y los estudiantes no solo se están perdiendo un gran cambio para enseñar y aprender, sino impidiendo a los alumnos el acceso al conocimiento y sus oportunidades de aprender sobre Internet y el uso de la tecnología de manera segura.

Las escuelas del siglo XXI hacen posible que sus estudiantes y personal aprendan en cualquier parte, las escuelas que no lo permiten son obsoletas.

4. Prohibición de celulares y tabletas

Quitar a los estudiantes celulares y tabletas en vez de usarlos para mejorar el aprendizaje es obsoleto. Deberíamos celebrar la tecnología que los estudiantes traen con ellos y usarla como herramienta de aprendizaje.

Los celulares ya no son sólo dispositivos para enviar mensajes de texto y hacer llamadas… cuando lo fueron, la prohibición estaba bien. Hoy hay más poder de procesamiento en un teléfono celular promedio que al que la NASA tuvo acceso cuando enviaron al hombre a la luna en 1969. No obstante, la mayoría de los estudiantes sólo saben usar estos dispositivos para las redes sociales y para jugar.

Hoy, con el dispositivo de bolsillo, es posible editar una película, hacer un programa de radio, tomar fotos, hacer pósters, sitios Web, blogs, sostener conversaciones y buscar en Google la mayoría de las respuestas de un examen. Debemos mostrar a nuestros estudiantes las posibilidades y convertir estas distracciones en oportunidades de aprendizaje con un alcance mucho más allá del aula.

5. Director de tecnología con permiso de administrador

Tener a una persona responsable del sistema de cómputo, que trabaja en el sótano en una oficina sin ventanas, rodeado de viejas computadoras, que actualiza los programas y le dice al personal qué herramientas tecnológicas pueden o no usar, es obsoleto.

En la actualidad necesitamos de coordinadores de tecnología que sepan lo que maestros y alumnos requieren para tener éxito y que resuelvan problemas en lugar de poner obstáculos. Alguien que ayude a la gente a ayudarse a sí misma dándole responsabilidad, encontrando mejores y más baratas formas de hacer las cosas.

6. Maestros que no comparten lo que hacen

Los maestros que trabajan silenciosamente, no mandan tweets, no bloguean ni discuten ideas con gente de todo el mundo, son obsoletos. Los maestros ya no trabajan en forma local sino global, y es nuestro deber compartir lo que hacemos y ver lo que otros están haciendo. Si un maestro ya no aprende, entonces no debería estar enseñando a otros.

Todos debemos escribir blogs y compartir lo que funciona y lo que no; recibir y dar consejos de colegas de todo el mundo. Debemos estar mejorando de manera constante, ya que el desarrollo profesional no es un taller de tres horas una vez al mes, sino un proceso de toda la vida.

“No aprendemos de la experiencia… aprendemos de reflejar la experiencia”. –John Dewey

7. Escuelas que no tienen Facebook o Twitter

Son obsoletas las escuelas que piensan que publicar un artículo cada dos semanas en su sitio Web y un boletín mensual es suficiente para mantener informados a los padres.

La escuela debe tener una página de Facebook, compartir noticias e información con los padres, tener una cuenta de Twitter y su propio hashtag, poner su propio canal de TV en línea donde los estudiantes filmen, editen y publiquen cosas sobre los eventos escolares.

Si usted no cuenta su historia, alguien más lo hará.

8. Cafetería con alimentos no sanos

Las cafeterías de las escuelas que operan casi como restaurantes de comida rápida, donde personal y alumnos obtienen alimentos baratos, rápidos y no sanos, son obsoletas.

Algunas escuelas en Islandia y Suecia han virado por completo hacia los alimentos orgánicos y pensado seriamente en el beneficio a largo plazo de lo sano, en vez de los ahorros de corto plazo de lo que no lo es. Por ejemplo, en Stora Hammar en Suecia, el 90% de los alimentos que se sirven son orgánicos.

Los chicos deben servir sus propios platos, limpiar después e incluso lavar los platos. No es porque ahorre mano de obra a la escuela sino porque es parte del crecimiento y aprendizaje de la responsabilidad. Algo que también deberían hacer las escuelas del siglo XXI es cultivar sus propias frutas y vegetales, donde los alumnos las rieguen y aprendan sobre la naturaleza. Cada escuela debe además tener una granja para alimentar a sus estudiantes, pero si eso no es una opción (por ejemplo, en las grandes ciudades), pueden al menos instalar una granja de balcón en alguna de las ventanas de la escuela.

La meta al proporcionar a los alumnos alimentos sanos no es solo darles nutrición suficiente para aguantar la jornada escolar, sino hacer de la comida saludable una parte normal de su vida diaria y hacerles pensar en la nutrición, que es algo que les beneficiará el resto de su vida.

9. Iniciar la escuela a las 8 am para los adolescentes

La investigación ha demostrado una y otra vez que los adolescentes se desempeñan y se sienten mejor en escuelas que empiezan más tarde. A menudo, padres y administradores necesitan adaptarse a ese cambio. La investigación (por ejemplo, de The Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics) muestra que demorar el inicio de la escuela en apenas 50 minutos y, en su lugar, extender la salida en 30 minutos, tiene un efecto positivo tanto en el aprendizaje como en las actividades posteriores a la escuela. Las escuelas que no hacen esto, son obsoletas.

Comenzar más tarde es fácil y el maestro puede usar el tiempo adicional en la mañana para preparar la clase… Es una situación de ganar-ganar.

10. Comprar diseños de pósters, folletos y sitio Web para la escuela

Cuando su escuela requiera de pósters, folletos o un nuevo sitio Web, no deben adquirirse de un tercero (aunque en algunos casos puede ser); en vez de ello, sus alumnos pueden hacerlo. En las mejores escuelas del futuro, habrá las que lo hagan como un proyecto real que tenga significado y como un proyecto de colaboración en lengua, tecnología y arte.

11. Bibliotecas tradicionales

Las bibliotecas que solo contienen libros y mesas de ajedrez son obsoletas.

Una biblioteca del siglo XXI debe ser el corazón de la escuela y un lugar donde tanto alumnos como personal puedan relajarse, leer, obtener asesoría, tener acceso a poderosos dispositivos, editar videos, música, imprimir en 3D y aprender a programar, por mencionar algunos. El espacio de aprendizaje del siglo XXI debe dar a la gente una oportunidad igual de usar estos dispositivos y acceder a la información. En caso contrario, las bibliotecas se volverán museos donde la gente vaya a mirar todo lo que solíamos utilizar.

12. Todos los alumnos obtienen lo mismo

Poner a los niños en el mismo grupo sólo porque nacieron en el mismo año es obsoleto. Los sistemas escolares se establecieron originalmente para satisfacer las necesidades de la industrialización. En aquel entonces, requeríamos de gente para trabajar en las fábricas, la conformidad era lo correcto y no se suponía que nadie sobresaliera o fuese diferente en ese entorno. Futuro aparte, eso no se ajusta a nuestras necesidades actuales, pero todavía muchas escuelas están establecidas como las fábricas a las que alimentaban hace 100 años.

Debemos aumentar las decisiones, dar a los niños el apoyo para florecer en lo que les interese y no solo darles atención adicional en las cosas en las que van mal. En la mayoría de las escuelas, si eres bueno en arte pero malo en alemán, te dan lecciones de alemán para ponerte al corriente con los demás alumnos, en vez de fomentar la excelencia en arte… ¡Todos parejos, todos igual!

LA educación debe ser individualizada, los estudiantes deben trabajar en grupos sin importar su edad y la educación debe construirse en torno a sus necesidades.

13. Un taller de desarrollo profesional para todos

Una escuela que solamente envía a todo su personal a una taller una vez al mes, en donde todos obtienen lo mismo, es obsoleta. Por lo reguilar el desarrollo profesional es de arriba hacia abajo, en vez de a la inversa donde cada quien obtiene lo que desea y necesita. Esto se debe a que dar a cada uno (incluyendo a los estudiantes) lo que necesita y desea, cuesta tiempo y dinero.

Con cosas como Twitter, Pinterest, artículos en línea, libros, videos, cooperación y conversaciones, los empleados pueden personalizar su desarrollo profesional.

14. Pruebas estandarizadas para medir la calidad de la educación

Ver las pruebas estandarizadas para evaluar si los niños se están o no educando es lo más tonto que podemos hacer y da una visión superficial del aprendizaje. Los resultados, aunque moderadamente importantes, miden solo una parte de lo que queremos que nuestros niños aprendan y, al concentrarnos en estos exámenes estamos acotando su currículum. Alfi Kohn señaló incluso una correlación estadística importante entre las calificaciones altas en exámenes estandarizados y un enfoque superficial hacia el aprendizaje.

En la actualidad, el mundo actual y las necesidades de la sociedad son completamente diferentes a lo que solían ser. No sólo estamos capacitando gente para trabajar en forma local, sino global. Con una prueba estandarizada como PISA, estamos reduciendo el currículum, y todos los países de la OCDE están enseñando lo mismo. Debido a ello, todos producimos el mismo tipo de trabajadores, trabajadores anticuados, para trabajar en las fábricas. Personas que puden cumplir, comportarse y ser como todos los demás.

En el mundo global de hoy es más fácil contratar mediante outsourcing a quien esté dispuesto a hacer el mismo trabajo, con la misma velocidad y por menos dinero. Por lo tanto necesitamos personas creativas que puedan hacer algo más y pensar diferente.

Andrea Schleicher (2010) dijo: “Las escuelas tienen que preparar estudiantes para trabajos que aún no se han creado, tecnologías no inventadas y problemas que no sabemos que surgirán”.

La educación estandarizada pudo alguna vez haber sido la respuesta, pero decir que es obsoleta es decir poco y solo una forma de intentar reparar un sistema fracturado. Los resultados de dichas pruebas están, de acuerdo con Daniel Pink (2005), en contradicción directa con las habilidades que hoy requerimos. Dichas habilidades son, por ejemplo, diseño, narración, sinfonía, empatía, juego y significado.

Deberíamos estar resolviendo problemas reales, formulando preguntas que importan en vez de recordar y repetir hechos. Los logros de los adultos están, por mucho, más fuertemente vinculados a su creatividad que a su IQ, y deberíamos estar celebrando el conocimiento e intereses diversos en vez de intentar estandarizar el conocimiento y las habilidades.

Me pregunto si las escuelas cambiarían a fin de cuentas su rumbo si diseñáramos una nueva prueba estandarizada que no midiera la numeralidad la ciencia y la alfabetización sino las habilidades de empatía, pensamiento creativo y comunicación… Tal vez solo eso necesitamos.

Consideraciones finales

Todos los sistemas educativos del planeta están siendo reformados, pero yo no creo que sean reformas lo que necesitamos. Necesitamos una revolución y transformar el sistema educativo en algo más. No es una taréa fácil, aunque S.E. Phillips dijo una vez:

Vale la pena luchar por aquello que vale la pena tener

Hacer algo nuevo y obtener bajos resultados en el viejo examen no debe sorprender a nadie. Qué caso tiene hacer algo nuevo y diferente si obtenemos los mismos resultados en las pruebas estandarizadas… entonces, puede ser que también hagamos educación tipo fábrica, conformar y cumplir.

“Si hubiera preguntado a la gente qué quería, habrían dicho: caballos más rápidos”. –Henry Ford

Esto es exactamente lo que estamos haciendo hoy. Pidiendo a nuestros alumnos que memoricen más, escriban mejor y repitan más rápido que antes… tal como deseábamos el caballo más rápido, cuando en realidad debíamos estar pidiendo el automóvil. Es seguro que el auto no fue mejor que el caballo en un principio y tampoco nuestro sistema educativo será mejor o perfecto. Nunca será perfecto, debe estar en constante evolución.

No sé cómo luce un sistema de educación perfecto, y no creo siquiera que exista. Pero creo que si hablamos, intentamos algo distinto, nos equivocamos hacia adelante, investigamos y compartimos lo que hacemos, podemos acercarnos mucho más.

Si usted desea un cambio en la educación, debe iniciar en su propia aula.

“La educación puede fomentarse de arriba hacia abajo, pero sólo puede mejorarse desde la base”.

– Sir Ken Robinson

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Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=zwb8NBVgQjE

Matrícula: http://www.formacionib.org/flipped.html

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Por qué soy más listo que tú aunque se me den mal los números

http://elpais.com/elpais/2015/09/30/buenavida/1443601806_544864.html

Por qué soy más listo que tú aunque se me den mal los números

El cociente intelectual ya no sirve como única herramienta para evaluar la inteligencia. La capacidad de adaptación y la creatividad piden paso

 

Si tuviera que pasar hoy un test de inteligencia, el talento musical del joven Mozart no estaría entre los números uno de la clase. O, lo que es lo mismo, no superaría los 140 puntos del Cociente Intelectual (CI). Y todo porque, en la calle y en las aulas, el prototipo del ser inteligente, enquistado en nuestra cultura desde los griegos y el Renacimiento, todavía se asocia en exclusiva a las habilidades reconocidas en esta popular puntuación para evaluar el pensamiento abstracto basándose en la lógica y las matemáticas. Sin embargo, los avances de la ciencia de las últimas décadas muestran que hay vida inteligente más allá de unos números.

Más que una buena memoria para recordar nombres y fechas y un hábil razonamiento matemático, la inteligencia es sobre todo adaptación. Las versiones revisadas del CI, que amplían la inteligencia a la experiencia con el medio, rescatan a Charles Darwin y sus teorías evolutivas, como señala Pablo Fernández-Berrocal, catedrático de Psicología de la Universidad de Málaga. “Curiosamente, los neurocientíficos del siglo XXI vuelven a la idea originaria de Darwin demostrando que ser inteligente es la capacidad de adaptarse al entorno de la forma más eficaz. Esa capacidad varía según el contexto, e implica flexibilidad en situaciones muy diferentes”, explica el catedrático.

Hay personas que son inteligentes y se adaptan con facilidad y flexibilidad a ciertos contextos, y en cambio, en otros parecían estúpidos

Pablo Fernández-Berrocal, catedrático de Psicología de la Universidad de Málaga

Así, conceptos como el factor G o las teorías que vinculaban la superación de un determinado tipo de pruebas a una inteligencia todoterreno, ya no obedecen a la evidencia científica. “Hay personas que son inteligentes y se adaptan con facilidad y flexibilidad a ciertos contextos, y en cambio, en otros parecían estúpidos. Y si nos remontáramos 30.000 años atrás, esos considerados inteligentes podrían incluso morir devorados, porque no afrontarían la demanda de su entorno. Cuanto más simple es el mundo, es más probable que nos sirvan los recursos generales, pero en un mundo tan complejo como el nuestro, se necesitan habilidades mucho más específicas, por lo que poco a poco se incluyen otros tipos de inteligencia”, explica este psicólogo especializado en inteligencia emocional, fundador delLaboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga.

¿Por qué a un buen orador, con gran capacidad de compresión verbal, o a un genio del piano o el balón, de gran talento físico, no se les considera inteligentes en nuestra cultura occidental? El protagonismo de la inteligencia abstracta-lógica-matemática responde a la herencia del sistema productivo europeo anterior a las dos grandes guerras, cuando el talento abstracto tenía la llave del éxito laboral y social y una rutilante carrera educativa se reconocía en el mercado con un no menos lustroso puesto de trabajo.

En ese contexto nació el CI, un concepto revolucionario acuñado por los psicólogos que se enfrentaron al reto de clasificar a las personas, primero para evaluar los trastornos mentales y luego con propósito educativo, ante la nueva corriente de escolarización en Europa, con el afán de estandarizar las pruebas con criterios objetivos, a diferencia de la entrevista clínica.

“Alrededor de los años setenta, algunos estudios demostraron que no estaba garantizado que las personas que conseguían los mejores trabajos fuesen las que tenían mayor inteligencia abstracta. A partir de ahí, la complejidad del mundo laboral no se vincula tanto a tareas cognitivas, sino a las relacionadas con la gestión de las propias emociones, el estrés, la ansiedad y la capacidad de regular las interacciones sociales en relación con las personas. Lo que marca la diferencia de una persona brillante en el ámbito laboral no es su inteligencia clásica, sino este extra que se refiere a otro tipo de inteligencia”, apunta Fernández-Berrocal.

La popularidad de las escalas de inteligencia de especialistas como Binet y Wechselr, los nombres de referencia en la medición del CI a nivel mundial, todavía es difícil de superar

Sin embargo, la popularidad de las escalas de inteligencia de especialistas como Binet y Wechselr, los nombres de referencia en la medición del CI a nivel mundial, todavía es difícil de superar. Trabajos de psicólogos como Robert J. Sternberg, uno de los impulsores hace tres décadas de la inteligencia práctica o aplicada, o Howard Gardner, quien dinamitó la teoría de la inteligencia única con las inteligencias múltiples (lingüística, ínter e intrapersonal, musical, espacial, naturalista, corporal, además de la lógica-matemática), todavía no han llegado a aplicarse como corriente mayoritaria en las escuelas.

“Los alumnos que se adaptan bien al sistema escolar son los que tienen una inteligencia numérica y lógico-matemática alta. Al resto, que pueden tener otro tipo de inteligencia, les cuesta mucho trabajo adaptarse. La escuela sigue trabajando hoy con un modelo. Hay personas muy inteligentes que no son especialmente brillantes en los aspectos lógico-matemáticos y no acaban de adaptarse, desperdiciando su potencial artístico, lingüístico o de relaciones sociales, la escuela se convierte para ellos en un martirio”, observa este psicólogo.

¿Puede medirse la creatividad?

Superada en el campo de la investigación la existencia de una inteligencia única, cómo detectar el talento en un examen sigue siendo la pesadilla de los científicos, a pesar de innovaciones como el Test de Inteligencia Emocional Mayer-Salovey-Caruso (MSCEIT). “Si se ponen problemas matemáticos o lingüísticos, es más o menos fácil evaluar las respuestas, porque hay una solución correcta. Otra cosa son las respuestas a los problemas de la vida real. Llevamos más de un siglo intentando evaluar la creatividad como proceso, no como producto, y a pesar de las investigaciones, no se terminan de ver resultados”, explica el catedrático.

Llevamos más de un siglo intentando evaluar la creatividad como proceso, no como producto, y a pesar de las investigaciones, no se terminan de ver resultados

Fernández-Berrocal

La evaluación, la clave de todo, también falla en el concepto de CI y los tests clásicos de papel y lápiz. Fernández-Berrocal apunta: “Ahora, el sueño, a través de investigaciones con resonancias magnéticas funcionales, es hallar el indicador del nivel de inteligencia observando, por ejemplo, el porcentaje de materia gris o blanca, teniendo en cuenta el volumen del cerebro y determinadas zonas. Pero eso no se ha conseguido y no sé si se podrá conseguir. Sería como decir que la inteligencia es solo eso, sin tener en cuenta el aprendizaje y la experiencia”.

Aunque hay programas televisivos que siguen impresionando al público con la memoria de los concursantes (una facultad superada por la consulta inmediata de los datos en los medios digitales), para Fernández-Berrocal la capacidad de anticipación debiera ser la inteligencia que hay que potenciar. “Las máquinas no pueden predecir el futuro, pero nosotros somos capaces de innovar y anticipar, y los pueblos siempre han sobrevivido a las adversidades del clima, el hambre o las guerras gracias a eso. En nuestra vida personal pasa igual: los que saben anticiparse a los problemas, en lugar de ser sujetos pasivos, tienen mayor capacidad de adaptación. Pero eso todavía no se enseña en la escuela, y sería una auténtica revolución”, concluye.

LAS 13 LECCIONES DE EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

http://www.fotogramas.es/Cinefilia/Las-13-lecciones-de-El-club-de-los-poetas-muertos

 

Más de un cuarto de siglo después desde que Robin Williams protagonizara ‘El club de los poetas muertos’, John Keating sigue siendo el profesor que todos hemos querido tener: inspirador, inconformista, libre pensador, y alguien de quien aprender trece lecciones.

María Laura Gutiérrez

 

CAMBIA EL MUNDO

Siempre optimista, siempre alentador, el profesor de literatura de la academia Welton enseñó a sus alumnos (y a muchos de nosotros) que nada es imposible. Porque aun cuando no se tiene fuerza o poder siempre se podrá contar con las palabras y las ideas para cambiar el mundo.

John Keating: En mi clase aprenderán a pensar por Uds. mismos. Aprenderán a saborear la palabra y el lenguaje. Porque, a pesar de lo que les digan, la palabra y las ideas pueden cambiar el mundo.

 

NO DEJES DE SOÑAR

Si de algo está llena la genial e inspiradora ‘El club de los poetas muertos’ es de citas y frases memorables. Whitman, Robert Frost y William Shakespeare entre otros son sólo algunos de los más notables autores citados en la obra de Peter Weir. Sin embargo, es a John Keating a quien le pertenece la frase que nos invita a no dejar de soñar.

McAllister: Muéstrame un corazón libre de necios sueños  y yo te mostraré a un hombre feliz.

Keating: Sólo al soñar tenemos libertad. Siempre fue así y siempre será.

McAllister: ¿Tennyson?

Keating: No. Keating.

 

SÉ INCONFORMISTA

Una de las primeras y más valiosas lecciones que John Keating nos enseña en la película es a no conformarnos con lo ordinario, invitándonos a ser únicos y extraordinarios.

La conformidad según Keating:

El concepto de la conformidad es la dificultad de mantener las propias convicciones ante otros. Para aquellos que piensan, “Yo caminaría diferente”: Todos necesitamos ser aceptados. Pero debéis pensar que vuestras convicciones son únicas y os pertenecen.  Aunque a otros puedan parecerles raras o inaceptables. Aunque toda la manada diga ‘no está bien’.

 

ENCUENTRA TU PASIÓN

Quizá la lección más importante de ‘El club de los poetas muertos’ sea aquella que John Keating da en una de sus clases de literatura, donde consigue contagiarnos su pasión y entusiasmo por hacer de la vida algo extraordinario, un lugar en el que el trabajo y el dinero son necesarios pero no lo más importante.

Lo que nos mantiene vivos:

Keating: No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos.

 

PRUDENCIA Y VALOR SON COSAS DISTINTAS

Si hay un ideal defendido por John Keating en ‘El club de los poetas muertos’ es aquel que nos hace vivir cada día como si fuera el último: “Carpe Diem”. Sin embargo, y a pesar de los notables esfuerzos de Keating por alentar a sus alumnos a disfrutar de cada momento, también nos enseñó otra valiosa lección: “Hay un momento para el valor y otro para la prudencia. El que es inteligente, sabe distinguirlos”

 

ELIGE BIEN TUS PALABRAS

Con la idea de que la poesía, el lenguaje y las ideas bastan para cambiar el mundo, John Keating nos ha enseñado el valor y la importancia de escoger las palabras adecuadas en cada momento.

El objetivo del lenguaje según Keating:

John Keating: No digan que un hombre está muy cansado, digan que está exhausto. Y no digan que está triste, digan… ¿Sr.Overstreer?

Overstreet: ¿Deshecho?

John Keating: Exactamente, deshecho. El lenguaje se desarrolló por una razón. ¿Cuál es esa razón, Sr. Anderson? Vamos, ¿eres un hombre o una ameba? ¿Sr. Perry?

Perry: Para la comunicación.

John Keating: No. Para impresionar a las mujeres.

 

ELIGE TU CAMINO

Una de las razones por las que todos hemos soñado con tener un profesor como Keating es el entusiasmo y la pasión con la que el docente más insurgente de la academia Welton invitaba a sus alumnos a elegir su propio camino, alentándoles a no tener miedo a equivocarse.

John Keating: Robert Frost dijo: ‘Dos caminos divergían en un bosque y yo tomé el menos transitado. Y eso lo cambió todo’. Quiero que encuentren su propio camino, en cualquier dirección, con estilo orgulloso, con estilo tonto, como sea”.

 

CAMBIA TU PUNTO DE VISTA

En una institución en la que los cuatro pilares son tradición, honor, disciplina y excelencia, John Keating se atrevió a romper las reglas, liberando a sus alumnos de la tiranía establecida, obligándoles a ver las cosas de manera distinta, y enseñándoles que las cosas dependen siempre del ángulo con el que se miren.

John Keating: Me he subido a la mesa para recordarme a mí mismo que debemos mirar constantemente las cosas de una manera diferente. El mundo se ve distinto desde aquí arriba. Si no me creen, vengan a probarlo.

 

NADA ES IMPOSIBLE

Capaz de revolucionar una clase de literatura, cambiar la vida de sus alumnos (y la de muchos de nosotros), escandalizar a un viejo y conservador claustro de profesores, inspirador, leal, y extraordinario, John Keating nos enseñó a vivir la vida sabiendo que nada es imposible. Esto último, una lección que Neil Perry decidió llevar al extremo.

La conversación:

Todd Anderson: ¿Cómo saldrás en una obra si tu padre no te deja?

Neil Perry: Primero necesito obtener el papel. Después ya me preocuparé por eso.

Todd Anderson: ¿No te matará si se entera que fuiste a una audición?

Neil Perry: No tiene por qué enterarse.

Todd Anderson: Es imposible.

Neil Perry: Tonterías, nada es imposible.

 

CARPE DIEM

Si hay un pensamiento presente durante la película protagonizada por Robin Williams ése es el de aprovechar cada día, un principio con el que el profesor Keating nos enseñó a hacer de cada día algo extraordinario.

John Keating: Carpe Diem. Porque somos alimentos para gusanos, señores. Porque aunque no lo crean, un día todos los que estamos en esta sala dejaremos de respirar. Nos pondremos fríos y moriremos. Aprovechen el día, muchachos. Hagan que sus vidas sean extraordinarias.

 

SÉ UN LIBREPENSADOR

“Libera tu mente. Usa tu imaginación. Di lo primero que se te ocurra aunque sean tonterías”. Éstas son las palabras con las que el profesor Keating intentaba liberar la creatividad e ingenio de uno de sus alumnos. Porque si algo hemos aprendido en ‘El club de los poetas muertos’ es la importancia de pensar por nosotros mismos. Es decir, en ser lo que el señor Keating llama un librepensador.

John Keating: Cuando lean, no consideren sólo lo que el autor piensa, consideren lo que ustedes piensan.

 

EXTRAE EL MEOLLO A LA VIDA CON MODERACIÓN

Es cierto que en la clase de literatura del señor Keating los estudiantes destrozan libros, se suben a la mesa y cuestionan los más arraigados principios y valores de la educación tradicional. Pero nadie puede culpar a Keating de no imponer disciplina y prudencia a sus jóvenes pupilos.

La conversación:

Dalton: ¿Y qué hay de Carpe Diem y de extraer todo el meollo a la vida?

John Keating: Extraer todo el meollo a la vida no significa meter la pata

Dalton: Pero yo creí que a Ud. le gustaría eso.

John Keating: No. Hacer que te expulsen de la escuela no denota valentía, sino estupidez. Porque se perdería grandes oportunidades.

 

LIBÉRATE

Para disgusto del sector más tradicional y conservador de la academia Welton, John Keating se propuso demostrar que la resignación y el conformismo sólo conducen a la desesperación. Por todo ello, el genial profesor de literatura nos enseñó a no seguir el camino marcado y atrevernos a ir allá donde nadie más ha ido.

John Keating: “Thoreau dice que la mayoría de los hombres viven en desesperación silenciosa. No se resignen a ello. Libérense. No caminen por la orilla, miren a su alrededor. Atrévanse a ir lejos y encontrar nuevos terrenos”.

So, is there really Life on Mars?

Article made by 

Sunday 23 September 2007

His first and only love was for cinema. Film critic Mark Kermode didn’t even own a TV, let alone watch one. He was a cinematic snob, convinced that the small screen had no redeeming qualities. So what happened when we asked him to watch some of the most acclaimed TV in recent years?

 

It began with a reprimand from Harry Shearer, best known to me as the brilliantly gormless bassist from This Is Spinal Tap (a movie), but better known to millions as the voice of several characters on The Simpsons (a TV show). ‘Of course, Mark’s never seen The Simpsons,’ said Simon Mayo, host of the Radio 5 Live show on which Shearer and I happened to be appearing together. ‘Mark doesn’t do television – he thinks it’s fundamentally inferior to cinema.’

Shocking as this may seem to a nation where there is now one TV set to every two people, it was none the less true. For years, I had effectively renounced the idiot box, claiming that, as a film critic, I had no time for such frippery. ‘It’s not that I’ve got anything against television,’ I lied to Shearer. ‘It’s just that I’ve always felt that films were a… higher art form.’ ‘I see,’ he mused. ‘So what you’re saying is that Bad Boys II is somehow more artistic than The West Wing?’ Put like that, my argument sounded pretty dumb.

Shearer wasn’t the first person to scoff at my innate hostility towards TV. Having worked as a film critic for nearly 20 years, I had frequently been accused of movie myopia and asked how I could possibly pass judgment on the new big-screen releases without any awareness of what was happening on the small screen.

Just as the National Theatre’s Nick Hytner recently accused theatre critics of being out of touch with reality, so broadcaster Mark Lawson has regularly upbraided me for being a cinematic snob when it comes to TV. My answer has always been that film and television are entirely different mediums and while other film critics may care to flirt cavalierly with television – citing actors’ past TV roles as if they in some way formed a seamless continuum with their movie CVs – my love of cinema has been deeply monogamous.
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Looking back, I blame the beginning of my break-up with television on Driller Killer and the rise of the ‘video nasty’. As a child, my TV habits were fairly normal: John Craven’s Newsround and The Magic Roundabout daily after school; Top of the Pops on Thursday night (something to talk about in the playground on Friday); and Doctor Who on Saturday evening, hiding behind the sofa in terror at the Autons. Occasionally, the whole family would stay up and watch the Eurovision Song Contest, but that was about as exotic as it got in our house on the TV front.

Cinema, however, was different. Throughout my childhood in the Seventies, I spent every weekend traipsing round the local picture houses, catching everything from reruns of Ben-Hur to new releases such as Brannigan and Blazing Saddles. Then, in the early Eighties, the advent of the VCR brought movies into the home and it was effectively over for me and television. After all, who wanted to watch a mere TV programme when you could watch a ‘VHS Home Movie’ – better still, a ‘VHS Home Movie’ that someone wanted to ban! Alongside unrated copies of Cannibal Holocaust and Zombie Flesh Eaters, every two-bit corner shop now stocked a bizarre range of more mainstream movies (many of them foreign) available to rent for £1.50 a night, less than the price of a cinema ticket.

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At university, I didn’t own a set and for six years my only contact with television was my Sunday visits to the local laundrette, which were strangely timed to coincide with the EastEnders omnibus. As the machines whirled, the inhabitants of Albert Square would go about their sudsy business on the crappy black-and-white TV that hung over the soap-powder dispenser and to which all eyes, including mine, were inexorably drawn.

It was like a scene from George Romero’s Dawn of the Dead and it pretty much confirmed my belief that TV was the audiovisual equivalent of heroin – an Orwellian drug designed to stupefy the population, the neo-opiate of the masses.

Years later, when I was reviewing videos for the completist publication Sight & Sound, I actually destroyed the aerial connection to my television, turning it into a ‘video monitor’, thereby eliminating any potential televisual distraction from the serious business of watching films. No TV-am time-wasting for me, oh no.

Instead, I could watch a movie on video during breakfast, be in town for preview screenings between 10.30am and 8.30pm, and then get home in time to knock off another movie on video before going to sleep, a total of six films a day. And, as has so often happened, what began as a practicality soon mutated into a twisted ‘philosophy’ – that movies were good and television was bad. Gradually, this belief began to inform my entire world outlook. Whenever anything went wrong with my personal life (which was quite often), I would remember Woody Allen’s wonderful observation that ‘life doesn’t imitate art, it imitates bad television’.

If I knew one thing for sure, it was that I didn’t want my life to be like bad television. I wanted to live in a movie – like Casablanca or Rebel Without a Cause or even Quadrophenia. For while, TV seemed to revel in mundanity, typified by Dirty Den’s perpetual soapy traumas; movies dealt in dreams, even really bad movies, of which there were plenty.

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Although I firmly believed that dismissing TV bolstered (rather than undermined) my faculties as a film critic, missing out on so many potentially interesting programmes over the years did make me something of a social pariah. ‘Our Friends in the North? Never seen it. Queer as Folk? Don’t ask me.’ The closest I came to TV drama was watching Question Time, a treat I still relish, but which provides lousy material for ‘water-cooler’ conversation (‘Hey, did you see Ming Campbell on Question Time last night. No? Oh, OK. Bye then…’).

In the late Nineties, I adopted Noel Coward’s fabulously snotty maxim that ‘television is for appearing on, not for looking at’ to justify my increasingly frequent stints presenting movie documentaries and cropping up on arts programmes such as BBC2’s Review (now Newsnight Review). The latter, which requires contributors to look beyond the boundaries of their specialist subjects, proved an invaluable lifeline because it meant I got to watch some really great TV shows under the cover of professional necessity. After all, this was work. Thus I got to enjoy Shameless without any sense of shame and to be reassured by the likes of Robin Hood that television could still be just as crap as ever.

Then came the challenge. After the worst summer of movies on record, in which my usually enjoyable stint standing in for Philip French as this paper’s film columnist had seen me groaning through Hostel Part II, Shrek the Third, Die Hard 4.0 and other such bores, The Observer demanded that I finally put my anti-television snobbery to the test. The mission: to shut me in a room with a truckload of DVD box sets representing ‘a cross-section of modern TV’ and see whether, at the end, I could still sensibly claim that cinema had the upper hand.

A few ‘rules of engagement’ were established, most importantly that I was not going to watch any reality TV, which I consider to be the new pornography; nor any game shows, ‘talent’ contests or programmes in which celebrity chefs swear at each other while people redesign their houses. News and documentaries were out, too, because I never had any problem with them in the first place.

This left mainly comedy and drama, the two areas in which sensible comparisons with movies were possible. I’d actually had a fleeting cameo in the second series of Extras (which, of course, I’d never seen) in which Germaine Greer and I played pundits slagging off Andy Millman’s sitcom, When the Whistle Blows

I thought I’d set the bar high and start off with The Office, widely regarded as the most influential TV comedy of the last 10 years. It is, indeed, admirable stuff, clearly indebted to the work of Shearer’s Tap-mate Christopher Guest, but demonstrably groundbreaking in its brand of painful docudrama pastiche. Yet as I embark upon ‘The Complete First Series’, I realise with a sense of mounting dread that I’ve heard so many people doing terrible impressions of these scenes that I can’t shake off the sense of deja vu. It’s like watching Monty Python after hearing your schoolmates reciting the parrot sketch in the playground. I realise, too late, that I’ve missed the bus. I’m depressed already. This is going to be tough.

I cheer myself up with Entourage, which is far more recent and reassuringly rubbish. The premise, as you may know, is that an up-and-coming Hollywood star is surrounded by a coterie of tiresome buddies, liggers and hangers-on, all of whom bask in his reflected glory. The style is flippant, vulgar and solidly unamusing. I don’t care about, or believe in, any of these people. Every scene is structured around an ad-break and the entire venture seems aimed at viewers with the attention span of a gnat. It makes the dismal James Woods legal-eagle ‘drama’ Shark seem positively heavyweight in comparison.

Movie star Mark Wahlberg takes an executive producer credit and so is dutybound to make a fleeting cameo appearance in the smug first instalment. I’ve always had a soft spot for Wahlberg on the big screen, from his career-making turn in Paul Thomas Anderson’s wonderful Boogie Nights to his more recent Oscar-nominated supporting role in Scorsese’s The Departed. In the cinema, in front of the camera, he’s great. Here, as the guiding light of a fatuous, flashy TV show, he’s simply an embarrassment. Conclusion: movies are still best. I’m back on track!

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Evening up the balance sheet is The Sopranos, which I start watching just as the final series is drawing to a close in the US, prompting several high-brow elegies mourning its modern Shakespearean brilliance. Presumably it takes time for the show to mature into such a heady vintage brew, for the Series One box set, while boasting a growing dark charm, hardly seems the stuff of legend. Until, that is, one compares it with its contemporaneous big-screen cousin Analyse This and its limp-as-lettuce sequel, Analyse That.

While James Gandolfini and Lorraine Bracco make the emotional most of their respective gangster/shrink roles, wringing touching tragicomic satire from their awkward encounters, Robert De Niro and Billy Crystal, playing essentially the same characters, never put their heads above the parapet of mediocrity. I know from the glowing newspaper obits that Gandolfini’s latterday Godfather became an unlikely mouthpiece for the hopes and dreams of modern America, but De Niro, who once played Vito Corleone himself in The Godfather Part II, merely convinced moviegoers that he had finally sold his thespian soul to the box-office devil. The creative void between the Sopranos and Analyse This is every bit as chasmic as that which separated the lousy Buffy the Vampire Slayer movie from the genre-busting TV show. I realise with dismay that it probably would have helped my work as a film critic to have been up to speed with The Sopranos from the outset. Bother.

And then it’s on to Six Feet Under and my first real inkling that television has been quietly kicking cinema’s arse for several years. A jet-black satire set among a family of dysfunctional morticians, Six Feet Under is a taboo-breaking joy (I know you already know this, but it’s my first time – be gentle with me) that recalls the dark soap-operatic pleasures of David Lynch’s Twin Peaks. Even in this tentative first series, there is simply so much to love. Death, sex, race, politics – it’s grist to the mill as a succession of cadavers provides the dramatic thrust for each episode. The narrative tone seems genuinely subversive and the visuals knowingly Rockwellian, evoking the filial squabbles of modern urban Americana alongside the gothic legacy of Ed Gein.

Better still, the show functions as the perfect stylistic retort to the emotive manipulations of ER, a show popular with other members of my household, the very theme music of which causes me to run screaming from the room. I can’t stand ER, with its succession of hapless victims, whose chances of survival are somehow inversely proportional to their age (every kid entering Chicago’s most famous emergency room always ends up dead). In Six Feet Under, the ‘protagonists’ come in feet first, having met sticky (and frequently ‘deserved’) ends before the opening credits roll. This is my kind of entertainment – at home with the spectre of death, repulsed by the spectacle of sentimentality. I think I’m crossing over to the Dark Side.

So much for the Americans; what of home-grown fare? I already know that I liked the first series of Shameless and I loved the later Christmas special, which boasted a touching restaging of the Last Supper, replete with Frank Gallagher as a drunken Messiah. Thus I had high hopes for Paul Abbott’s political thriller State of Play, which is currently being made into a movie by Last King of Scotland director Kevin Macdonald.

There’s a whiff of jittery televisual histrionics about the series, a sense of the soapy overstatement that so often seems characteristic of the small screen. Yet what troubles me most are reports that Edward Norton and Brad Pitt are down to reprise the roles of the beleaguered politician and fraught journalist excellently essayed here by David Morrissey and John Simm. Don’t get me wrong – I think there’s loads of room for improvement in State of Play’s transition from TV to cinema – but Norton and Pitt versus Morrissey and Simm? Hmm.

Different arenas, however, require markedly different skills. Although John Simm made a cinematic splash in the rave culture Brit-pic Human Traffic, it’s significant that his very best work (more of which later) has all been on television. Similarly, David Morrissey’s big-screen CV, which includes flops such as The Reaping and Basic Instinct 2, has never showcased his talents as effectively as TV productions such as The Deal, in which he tore up the screen as a power-bartering Gordon Brown.

The Deal, it seems to me, is a perfect example of what television does best and the fact that its unofficial sequel, The Queen, ever found its way into cinemas remains a source of bafflement and irritation. Film and television are not the same thing and despite Helen Mirren’s Oscar success, it’s impossible to shake off the sense that The Queen, like The Deal, was tailormade for the small screen. Why? Because its guiding aesthetic is primarily televisual, full of intimate scenes of people talking in rooms which gain nothing from being projected on to the vast screen of a cinema auditorium. No matter how much you blow up the picture, The Queen still looks like a TV show.
Which brings me to Bleak House. I’m excited because everyone’s told me how great this is and, with its smog-bound London streets and gas-lit vistas, this beautifully filmed adaptation is certainly ‘cinematic’. Shame about the boxy picture; I’d love to see this on the big screen. Diana Rigg looks great and Denholm Elliott’s cracking and… hang on a minute – Denholm Elliott? They’ve sent me the wrong version! This isn’t the ‘new’ Bleak House, as adapted by Andrew Davies. It’s the BBC’s old mini-series from 1985! And, you know what? It’s really good!

The ‘new’ Bleak House is one of the BBC’s flagship ‘high definition’ productions and thus looks spanking. Yet neither version would have any place in a cinema because both take full advantage of television’s authentically Dickensian episodic structure. There’s a good reason why so many film adaptations of his novels, such as Polanski’s recent Oliver Twist, leave the viewer feeling unsatisfied. However inventive the direction, cinema’s two-hour, single-viewing format demands such a compression of the source material that Dickens’s numerous diversions – often the raison d’etre for his writing – simply fall by the wayside. This is an area in which television will always have the upper hand over movies and it is an advantage which is beautifully exploited by both the BBC’s versions of Bleak House.

Back to America and the behemoth that is The West Wing. Like The Sopranos, The West Wing has so thoroughly infiltrated modern popular culture that you feel like you’ve been watching it for years, even if, like me, you’ve never seen a single episode. Having been launched at the end of the Clinton administration, Season One reminds me of Mike Nichols’s terrific 1998 movie Primary Colors, a Lewinsky-era satire in which personal, political and sexual subtexts swirl around a flawed but essentially decent political animal. There are even hints of Rob Reiner’s featherlight The American President, in which Michael Douglas played the eponymous dashing hero, breezily blending personal politics and romantic intrigue.

Yet since the election of George W Bush, an element of liberal wish fulfilment has haunted Martin Sheen’s benign West Wing leadership, a sense that this is how America should be being run. Having skipped painlessly through the upbeat Season One box set, I skip forward to the soul-searching, post-9/11 ‘Isaac and Ishmael’ episode that many consider the series’ creative tipping point. It’s earnest, awkward and (inevitably) overburdened by its own self-importance, but I still get a sense of the ‘looking glass’ world that has set my American friends’ hearts aflutter. On this evidence, I don’t think The West Wing is the milestone its fans claim it to be, but I’d happily vote for Sheen (or Travolta, or even Douglas) over Bush any day.

And now it’s time to reveal my guilty secret. Because lying amid that huge pile of TV DVDs is a box set that I was given for my last birthday and which I must confess I’ve been cherishing as much as any movie. It probably says more about my age than the abstract artistic qualities of the show, but I have officially fallen in love with Life on Mars and cried my way through the final episode of Series Two when it aired earlier this year. If ever there was a show custom-made for a 44-year-old Ford Capri-owning, sci-fi enthusiast with a penchant for male bonding and early Seventies glam rock, then this was it. It’s like The Sweeney meets A Matter of Life and Death. John Simm and Philip Glenister are fabulous as the timewarped good cop/bad cop odd couple and the writing is as smart, witty and ultimately moving as anything I’ve seen in recent years – on TV or in the cinema.

It gets worse. Even now I am counting down the days until the return of Doctor Who, which has again become a Saturday evening fixture. I even bought the entire Series Three DVD set the day it went on sale (I pretended to be buying it for my son) and am currently using them as a stop-gap till Series Four begins. Say what you like about The Sopranos being modern Shakespeare, but even the Bard (who, coincidentally, crops up in one episode) would have appreciated the Romeo and Juliet-style tragedy of the Doctor’s plaintive parting declaration of love for Rose Tyler getting lost forever in the gaping void of an alternative parallel universe.

And I defy you to find me a more withering pre-battle taunt than the Daleks’ genocidal declaration to the Cybermen: ‘This is not war – this is pest control!’ For proof that Russell T Davies’s reinvention of this once-hokey kids’ TV show is reason to double the TV licence fee forthwith, check out the Season Three finale, in which John Simm (him again) plays that evergreen dark lord the Master to David Tennant’s achingly beautiful Doctor, rising Christ-like from the grave to save the world with a sonic screwdriver. It is magnificent and I’m getting shivers just thinking about it again.

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So has television actually got better or am I just facing up to the fact that I’ve been guilty of mere movie-purist pig-headedness for all these years? Well, on one level, TV clearly has improved, with the move toward the rectangular 16×9 widescreen image meaning that modern TV dramas no longer need look ‘boxy’ or ‘cropped’, a long-standing aesthetic barrier. Just as cinema’s evolution from the old 4×3 ‘Academy’ screen ratio to the more elongated ‘widescreen’ format was as significant as the advent of colour, so television’s new picture dimensions are broadening its creative horizons immeasurably. Put simply, TV is no longer square. This is a major improvement and it’s significant that my strict policing of my kids’ TV viewing habits allows them to watch programmes on CBeebies and CBBC but only in the correct aspect ratio (‘How many times do I have to tell you, Tweenies is anamorphic 16×9!’).

Also, with more than 75 per cent of UK households now linked up to the growing plethora of digital channels, it’s hard to argue that cinemas (which remain in the stranglehold of Hollywood studios) offer a more diverse range of entertainment for the discerning viewer. OK, there’s still a whole lot of crap out there – what Bruce Springsteen memorably called ’57 channels and nothing on’ – but when The Simpsons Movie represents one of the more adventurous highlights of the summer cinema season, does any self-respecting film fan have the right to look down their nose at TV? Of course not.

If the 20th century was the age of cinema, perhaps the 21st century will prove to be the golden age of TV, a time in which the handsome possibilities of high-definition digital programming allow television to become an art form every bit as adventurous as cinema. And just as the recent spree of televisual documentaries (An Inconvenient Truth, The War on Democracy, etc) have no place in the cinema, so modern TV dramas are increasingly proving that it’s no longer true that the best thing you ever could watch on TV was a movie. I don’t think I’ll renounce my first love of films – I still get a thrill walking into a cinema that no sofa-bound experience can replace. But the time has come to stop trying to put my metaphorical foot through the TV; to stop trying to smash that ever-expanding ‘small screen’ and embrace it as cinema’s strange sibling – equal but different.

Now, if you’ll excuse me, I have a date with a Dalek.

… and here’s what our television critic thinks of big-screen bias

I enjoyed Mark Kermode’s journey away from the blowsy big screen to the intimate treasures of telly – and it’s one that a lot of people who don’t have the excuse of being a film critic but none the less display an automatic bias towards anything viewed from the comfort of a tip-up chair with built-in popcorn holder, may want to take in his footsteps. The two mediums are, as he observes, equal but different, but they inform each other to such a great degree that to love one and deny the other is as perverse and short-sighted as having a favourite among your children.

I confess I’m no cinemagoer – watching telly for a living means that hiring a babysitter to go out and sit in front of a bigger screen isn’t ever going to feel like the best use of my free time. However, I’m very keen to catch up with Atonement and The Bourne Ultimatum, which both feel as if they should be seen on wide screens with the ‘Dolby’ turned up to 11, as both Mark and Spinal Tap’s Harry Shearer would doubtless agree.

I understand Mark’s bias (and yet how interesting that his love of film was effectively instigated by the arrival of video) but I’m still surprised that it translated into such a dramatic rejection of television, and for such a long time. It’s worth remembering that Steven Soderbergh’s excellent Traffic (2000) started life as the multi-Bafta-winning C4 series Traffik, way back when Catherine Zeta-Jones was still hoofing in the West End. And how does a film critic go about appraising the big-screen oeuvre of the brilliant Paul Greengrass (The Bourne Supremacy, United 93, The Bourne Ultimatum) without the benefit of having seen his previous, equally compelling, work for TV?

Greengrass is, indeed, a spectacularly good – albeit rare – example of someone whose skills seem not to be compromised in either medium. Sure, the budgets are bigger in Hollywood, but his fine Bloody Sunday (2002, starring James Nesbitt) was such a filmic piece of television that it eventually premiered at Sundance days before its ITV terrestrial airing, and went on to share first prize with Hayao Miyazaki’s Spirited Away (one of my top five favourite movies) at the Berlin Film Festival later that year.

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Kids’ movies aside, I’ve only seen one film at the cinema this year and, ironically, it was The Queen. Mark is correct that this film’s ‘guiding aesthetic is primarily televisual, full of intimate scenes of people talking in rooms’ – but I saw that as a strength when viewed on the big screen, because the scale and intimacy, even claustrophobia, of the production was maintained while the individual performances, notably Mirren’s, felt as if they grew to fill the available space.

Unlike Mark with regard to television, I don’t have to be persuaded of cinema’s strengths – for example, watching Apocalypse Now on DVD is completely different from seeing it in the cinema and much less satisfying – but I also tend to avoid pre-broadcast press screenings of TV programmes for the same reason. When viewed on an outsize screen in the comfort of a screening room and surrounded by other critics, television tends to get ideas above its station. I made an exception a few years back for the final episode of State of Play, and regretted it. While I don’t agree with what Mark describes as the ‘jittery televisual histrionics’ of that series, if I were to be persuaded otherwise it would definitely be on the basis of that last episode.

In return for some tips from Mark (I’d love five recommendations for recent movies that wouldn’t suffer too horribly by being viewed on DVD), here are a few more for him – some old, some new: The Day Today, Marion and Geoff, Peep Show, The Thick of It, House, Sex Traffic, 24, Dexter, Heroes… I could go on, and so should he.

Kathryn Flett

Dos artículos que explican el desarrollo de los acontecimientos en la crisis griega

http://www.rtve.es/noticias/20111027/lideres-zona-euro-acuerdan-ampliar-fondo-rescates-billon-euros/471324.shtml

Europa pacta perdonar el 50% de la deuda griega y ampliar el fondo de rescate a un billón de euros

  • Los acreedores aceptan la quita de la deuda de forma voluntaria

  • El fondo de rescate se potencia gracias a su capacidad de endeudarse

  • La UE obligará a la banca a recapitalizarse antes de julio de 2012

  • Ver también: Especial sobre la crisis de deuda

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RTVE.es / AGENCIAS

Los líderes europeos han logrado sacar adelante un plan para afrontar y solucionarla crisis de deuda, la más grave de la historia de la moneda única. Los tres pilares básicos del acuerdo son: la condonación voluntaria del 50% de la deuda griega por parte de los acreedores privados; el refuerzo del nuevo fondo de rescate, que pasa a contar con un potencial de un billón de euros (más del doble del actual) sin nuevas aportaciones de los Estados ni del Banco Central Europeo (BCE); y la recapitalización de la gran banca europea, que debe tener un 9% de capital de máxima calidad antes de julio de 2012. Ha sido un acuerdo esquivo que ha requerido dos cumbres en cuatro días, y varios aplazamientos.

Hoy, los miembros de la zona euro hemos dado un gran paso. Son medidas excepcionales, para tiempos excepcionales”, ha indicado el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, tras la reunión. Barroso se ha mostrado satisfecho, además, de que la Unión Europea sea capaz de presentar ante la cumbre del G-20 que se celebra el 3 y 4 de noviembre en Cannes su hoja de ruta para salir de la crisis, tras las diferencias y divisiones de las últimas semanas.

El pacto se ha forjado tras ocho intensas horas de negociaciones en Bruselas a múltiples bandas. Primero, entre los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete estados miembros; luego, entre los líderes de los 17 países de la zona euro; y, finalmente, entre la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Nicolás Sarkozy; la directora del FMI, Christine Lagarde; y los representantes de la banca acreedora de Grecia, que se negaban a aumentar su contribución. Finalmente, el director ejecutivo del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Charles Dallara, quien negoció en nombre de la banca, aceptó la propuesta europea.

Redefinición del segundo rescate a Grecia

La hoja de ruta aprobada por Europa consta de tres brazos entrelazados entre sí,ideados para restaurar la confianza en los mercados y evitar el contagio de la crisis a otros países de la zona euro.

El primero de ellos es la redefinición del segundo rescate a Grecia, aprobado el pasado día 21 de julio y que estaba valorado en 158.000 millones de euros. Sin embargo, la degradación de la economía helena en los últimos tres meses hizo que el plan se quedara pequeño antes de ponerse en marcha. Ahora, la ayuda a Atenas asciende a 230.000 millones de euros.

De ese dinero, 100.000 millones serán aportados por el sector privado después de que la banca asumiera aceptar de forma voluntaria una quita (unas pérdidas nominales del valor de los bonos griegos) del 50%, más del doble de lo pactado en verano, cuando el porcentaje era del 21%. La condonación de la mitad de la deuda griega permitirá al país heleno rebajar al 120% del Producto Interior Bruto (PIB) su deuda pública en 2020 -desde el 180% previsto en 2012-. Esta quita se hará mediante un programa de canje de bonos que deberá estar listo en enero de 2012.

El resto, 130.000 millones de euros, será aportado por los estados miembros de la zona euro a traves del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Según ha explicado la canciller Angela Merkel, del programa griego de privatizaciones, 15.000 millones irán destinados al fondo. El nuevo rescate, que debe estar listo en diciembre, se extenderá hasta 2014, que es cuando la eurozona prevé que Grecia pueda volver al mercado para financiarse por sí mismo, e incluirá la recapitalización de la banca griega.

A cambio de esta reducción del nivel de deuda de Grecia, Merkel ha reclamado que la UE establezca una supervisión permanente sobre el país para garantizar que lleva a cabo las reformas comprometidas para recortar su déficit y mejorar su competitividad.

Después de la reunión, el primer ministro griego, Yorgos Papandréu, ha asegurado que “Grecia habría colapsado” de no llegar a un acuerdo con sus acreedores privados para condonar parte de su deuda. “Ha llegado un nuevo día para Grecia, esperemos que también sea un nuevo día para Europa y que lo peor haya pasado”, ha dicho.

Ampliación del nuevo fondo de rescate

El segundo pilar del pacto contra la crisis de deuda consisten en aumentar lacapacidad de actuación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) a un billón de euros, desde los 440.000 millones de la actualidad. Llegar a esa cantidad se logrará sin que los estados miembros pongan más dinero y sin recurrir al Banco Central Europeo (BCE), tal y como exigía Alemania.

El fondo se utilizará para avalar parte (entre el 20% y el 25%) de las nuevas emisiones de deuda de Italia y España, en lugar de comprar directamente los bonos. De este modo se multiplicaría por cuatro la potencia de fondo, teniendo en cuenta que en realidad solo quedan alrededor de 250.000 millones tras los compromisos asumidos con Grecia, Portugal e Irlanda.

Además, los líderes han aprobado crear un vehículo especial garantizado por el fondo de rescate y en colaboración con el Fondo Monetario Internacional (FMI) con el objetivo de atraer inversiones de países emergentes como China para comprar bonos de países con problemas. De momento no se ha estimado cuántos fondos podrían lograrse con este instrumento.

El director del fondo, Klaus Regling, viajará esta semana a China para buscar inversores mientras que Sarkozy tiene previsto llamar al presidente chino, Hu Jintao.

Además de este refuerzo del fondo de rescate, el gobernador del Banco de Italia, Mario Draghi, que asumirá la presidencia del BCE el 1 de noviembre, ha anunciado este miércoles que seguirá con la política de compra de bonos de la entidad.

Recapitalización de la banca

El último punto de la hoja de ruta es el de la recapitalización de la banca europea, a la que se pide que se dote de unas espaldas más anchas para soportar el impacto de la crisis griega, y de un posible contagio a otros países, sin peligro de desmoronarse. La UE obligará a los 70 mayores bancos europeos a alcanzar antes de julio de 2012 un core capital -o capital de máxima calidad- del 9%, lo que le obligará a recabar recursos por importe de 106.000 millones de euros.

La peor parte se la llevan, después de los bancos griegos, los cinco grandes bancos españoles -Santander, BBVA, Popular, Caixabank y Bankia- en los que Europa ha detectado unas necesidades de capital de 26.000 millones de euros.

Los bancos que estén inmersos en procesos de recapitalización no podrán repartir beneficios vía dividendos o bonus para los empleados hasta que cumplan los objetivos requeridos.

En el comunicado final de la cumbre, los líderes de la eurozona tuvieron palabras de bienvenida a las reformas que ha acometido España, y al plan que ha presentado en las últimas horas Italia, y con el que pretende poner orden a sus fianzas. No obstante, la eurozona advierte a España que debe hacer más para impulsar el crecimiento y poner freno al desempleo, que está en niveles “inaceptablemente” altos.

 

http://actualidad.rt.com/economia/178963-camino-abismo-fechas-cruciales-crisis-grecia

 

Rumbo al abismo: Los 20 momentos clave del ‘via crucis’ griego en 6 años de crisis

 

En los casi seis años transcurridos desde el inicio de la crisis, Grecia no ha logrado recuperarse, amenazando la integridad de la moneda europea y de la UE. El diario británico ‘The Guardian’ pasa lista a las 20 fechas claves de este ‘via crucis’ que mantiene al país heleno al borde del abismo.

19 de octubre de 2009. Grecia admite un agujero negro en su presupuesto

El recién elegido Gobierno socialista liderado por Yorgos Papandréu revela que el déficit del presupuesto será dos veces mayor que lo estimado por el Gobierno anterior, llegando al 12% del PIB. Las palabras de Papandréu acerca de que la economía griega se encuentra “en cuidados intensivos” extiende el temor a que Grecia no salde sus crecientes deudas.

8 de diciembre de 2009. Fitch degrada la calificación crediticia de Grecia

Dos meses después la agencia de Fitch rebaja la calificación crediticia de Grecia desde A- a BBB+. De esta manera, arranca una secuencia en cascada de rebajas de calificaciones de Grecia tanto por parte de Fitch como de otras agencias como S&P y Moody’s que, a fin de cuentas, llegan a catalogar la deuda griega con niveles basura.

Reuters / Yiorgos KarahalisReuters / Yiorgos Karahalis

14 de diciembre de 2009. Grecia declara la austeridad

El Gobierno de George Papandréu anuncia que emprende reformas radicales de austeridad para recomponer el estado de sus finanzas públicas. En los meses siguientes el país sufre varias huelgas por este motivo.

23 de abril de 2010. Grecia pide los primeros préstamos a la UE y al FMI

Hasta finales de abril de 2010 Grecia se encuentra al borde de bancarrota, llegando a pedir el primer paquete de rescate de 45.000 de euros a la UE y al Fondo Monetario Internacional (FMI), que tan solo 10 días antes habían decidido prestarle a Grecia 110.000 millones de dólares en caso de emergencia financiera, bajo la condición de que Atenas ponga en marcha las reformas impuestas por los organismos internacionales.

23 de abril de 2010Reuters / Yiorgos Karahalis

6 de mayo de 2010. Grecia aprueba la austeridad severa

Pese a los desacuerdos entre politicos y en medio de la ira popular que se manifiesta en las calles, Grecia decide aprobar las rígidas medidas de austeridad impuestas por sus acreedores para poder usar sus préstamos.

Sepa más: Todo lo que debes saber sobre Grecia y su crisis de deuda

23 de junio de 2011. Se acuerda un segundo préstamo aún mayor

Transcurrido un año desde la concesión del primero, la UE acuerda conceder un segundo préstamo a Grecia de hasta 120.000 millones de euros bajo la condición de más recortes presupuestarios y de los consiguientes aumentos tributarios, además del préstamo de 110.000 millones de euros otorgados el año anterior.

Yorgos Papandréu, 4 de noviembre de 2011Reuters / Yiorgos Karahalis

6 de noviembre de 2011. Yorgos Papandréu dice adiós.

Yorgos Papandréu se ve obligado a abandonar su puesto de primer ministro bajo la presión de parte de la oposición, y cede su puesto a un nuevo Gobierno transitorio de coalición nacional liderado por Lukás Papadimos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE).

June 29, 2011.Reuters / Yannis Behrakis

23 de enero de 2012. Sale a luz que algunas estrellas griegas no pagan impuestos

Grecia avergüenza a algunos ciudadanos famosos que evaden impuestos, lanzando una acción penal contra 4.151 ciudadanos que debían en total 14.900 millones de dólares, entre ellos el cantante Tolis Voskopoulos y exbaloncestista Michael Misounof.

Un manifestante lanza una bomba incendiaria. 6 de diciembre de 2011.Reuters / Yannis Behrakis

12 de marzo de 2012. La deuda griega se duplica

Grecia logra reestructurar su deuda privada, reduciéndola en 100.000 de euros. Después, los líderes de la UE deciden cumplir con el pago del segundo préstamo acordado para Grecia, aumentando su monto hasta los 130.000 de dólares. De esta forma, la deuda de Grecia, considerando el préstamo anterior, alcanza los 240.000 de euros

4 de abril de 2012. La austeridad se cobra su primera víctima mortal

Un jubilado endeudado se suicida ante el Parlamento en Atenas tras dejar una nota en la que explica que no quiere que su hijo herede sus deudas.

Antonis Samaras asume el cargoReuters / John Kolesidis

20 de junio de 2012. Asume el poder el nuevo primer ministro

Tras permanecer dos meses sin Gobierno de facto debido al caos político y la ineptitud de políticos más votados para formar gobierno, Antonis Samaras asume el cargo de nuevo primer ministro, prometiendo respetar los acuerdos de rescate.

26 de julio de 2012. El Banco Central Europeo y Hollywood entran en juego

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, expresa su intención de mantener a Grecia en la zona euro a toda costa. Simultáneamente, varias estrellas de Hollywood, como Robert de Niro, Tom Hanks, Brad Pitt y Angelina Jolie deciden visitar Grecia, país que depende en gran medida del turismo extranjero.

26 de septiembre de 2012. La violencia prende en las calles durante protestas contra la austeridad

Alrededor de 200.000 manifestantes salen a las calles de Atenas para protestar contra la austeridad, lo que deriva en choques con la policía, que usa gases lacrimógenos, mientras los manifestantes les lanzan piedras y bombas incendiarias.

Lea también: Para Grecia, la receta de la austeridad resultó más letal que la propia ‘enfermedad’

27 de noviembre de 2012. La decisión de los acreedores de perdonar parte de la deuda no convence a Tsipras

La UE y el FMI acuerdan recortar en 40.000 millones de euros la deuda de Grecia. No obstante, la medida no convence al líder opositor Alexis Tsipras, que sigue protestado contra la austeridad, advirtiendo que esta hundirá aún más la economía griega.

Christine Lagarde, 26 de noviembre de 2012Reuters / Francois Lenoir

5 de junio de 2013. El FMI admite que no tenía razón

El FMI reconoce oficialmente que no supo prever los daños que causaría la austeridad a la economía griega.

Lea también: Y si cada europeo dona 3 euros… ¿podríamos salvar a Grecia?

9 de abril de 2014. Grecia regresa a los mercados financieros

Grecia vende exitosamente sus primeros bonos del Gobierno desde el inicio de la crisis.

29 de diciembre de 2014. Nueva crisis política debido ante la necesidad de elecciones anticipadas

Stavros Dimas, elegido por el primer ministro centrista Antonis Samaras como candidato a la presidencia del país, no logra la cantidad de votos necesaria, lo que obliga a Grecia organizar elecciones anticipadas, desatando el temor de que los partidos izquierdistas lleguen al poder.

Yanis Varoufakis y su motocicletaReuters / Alkis Konstantinidis

25 de enero de 2015. Syriza llega al poder

El partido opositor de izquierda Syriza gana las elecciones parlamentarias gracias a sus promesas de acabar con la austeridad. Alexis Tsipras asume el cargo de primer ministro, y el economista radical Yanis Varoufakis el de ministro de Finanzas.

2 de marzo de 2015. Resurge el temor al ‘default’

Los ministros de Finanzas de la eurozona aprueban una extensión de cuatro meses del programa de rescate de Grecia después de que se aprobara el plan de reformas preparado por el nuevo Gobierno. No obstante, el temor se desata por culpa de 7.200 millones de euros designados a Grecia en el marco del programa de rescate que los acreedores deciden no liberar por desacuerdos con el Gobierno izquierdista. Grecia necesitaba este dinero para saldar diferentes tramos de su deuda ante los acreedores.

24-30 de junio de 2015. La negociación entre Grecia y sus acreedores adquiere carácter dramático

 

El FMI acuerda establecer como fecha límite el 30 de junio para que Grecia le devuelva 1.600 millones de euros. Grecia anuncia que no será capaz de saldar esta deuda si el FMI y los acreedores europeos no liberan el dinero designado a Grecia en el marco del programa de rescate. Mientras las negociaciones permanecen estancadas, los griegos vacian sus cuentas bancarias, ante el miedo a un ‘default’ y la salida de Grecia de la zona euro.

Sepa más: Claves del ‘Grexit’: hundimiento de la confianza en el euro y “contagio financiero” global

¿Y si Valencia hubiera sido Hiroshima?

Dos aplicaciones calculan en cualquier lugar los efectos de la bomba atómica que arrasó hace 70 años la ciudad japonesa

09.08.2015 | 12:43

¿Y si Valencia hubiera sido Hiroshima?

¿Y si Valencia hubiera sido Hiroshima? Levante-EMV

J. L. LLAGÜES | VALENCIA 6 de agosto de 1945. A las 8.15 de la mañana el piloto norteamericano Paul Tibbets „a los mandos del bombardero B-29 Enola Gay„ lanza la bomba atómica «Little Boy» sobre la urbe nipona de Hiroshima. 55 segundos después el artefacto explota a 600 metros de la superficie terrestre. La temperatura alcanza el millón de grados centígrados. En un segundo, la carga arrasa toda vida en un área de 274 metros. Uno de los mayores horrores de la historia militar mundial ha tenido lugar.

145.000 japoneses fallecieron a causa del ataque o de las secuelas del mismo ese año. La cifra aumentó hasta los 200.000 en 1950. El pasado 6 de agostó el suceso volvió a la retina de la población mundial tras conmemorarse el 70º aniversario de la masacre. Las imágenes de la desolación causada por el primer „y único„ ataque atómico de la historia llenaron informativos televisivos y páginas de periódicos.

La pregunta es: ¿Qué habría pasado si hubiera tenido lugar en Valencia? Dos aplicaciones informáticas lanzadas en Internet „en las páginas Pri the World y Nukemap„ permiten estimar los posibles efectos de la devastación en cualquier parte del mundo. Así, si «Little Boy» hubiera detonado en la ciudad del cap i casal, la onda expansiva habría alcanzado hasta Sagunt, afectando a su paso poblaciones como Alboraia, Massamagrell, el Puig de Santa María o Puçol, entre otras.

La bomba atómica explosionada por el ejército estadounidense durante la II Guerra Mundial habría acabado con el 90 % de los seres vivos en un radio de 800 metros y con el 70 por ciento en un área de 1,6 kilómetros. En caso de sobrevivir, las embarazadas habrían sufrido abortos involuntarios debido a la radiación ocasionada.

Valencia habría sido pasto de la devastación. Los edificios situados en una área anexa de cinco kilómetros al punto de ignición habrían quedado reducidos a escombros y en 20 kilómetros a la redonda las construcciones se habrían visto parcialmente afectadas. Los heridos se habrían contado por miles. De hecho, en Nukemap lanzan una primera estimación: 144.150 personas fallecidas y 228.860 heridas, alcanzando los 656.965 afectados en un intervalo temporal de 24 horas. Eso sí avisan que «predecir las muertes causadas por un ataque nuclear es muy difícil, los números no pueden ser definitivos. Ignoramos los posteriores efectos que acarrearían los restos radioactivos».

La mayor bomba de los EE UU

Por último, en las citadas webs no solo se calculan los posibles efectos de una bomba nuclear de 15 kilotones: se puede elegir entre 30 dispositivos diferentes. Si en Valencia estallara el mayor artefacto del arsenal estadounidense (1,5 millones de kt) las consecuencias serían desastrosas: cerca de 300.000 muertes y más de 590.000 heridos. Ójala nunca ocurra nada parecido.

http://nuclearsecrecy.com/nukemap/

‘Trainspotting’ made easy – for Americans

http://www.independent.co.uk/news/uk/home-news/trainspotting-made-easy–for-americans-1349197.html

‘Trainspotting’ made easy – for Americans

“Aw … ah wanted the radge tae gist f— off ootae ma visage, tae go oan his ain, n gist leave us wi Jean Claude. Oan the other hand, ah’d be getting sick tae before long, and if that c— went n scored, he’d haud oot oan us.”

If you have problems understanding this passage from Trainspotting, imagine how Americans will fare when the film is released there in July. Fearing that audiences will find the Edinburgh vernacular incomprehensible, Miramax, the film’s distributors, have asked its British producers to dub it in parts.

The film’s actors were initially resistant to changing their original performances, but were persuaded by producer Andrew Macdonald that it would help sell the film in America.

He insists that the changes are not fundamental. “It just meant cleaning it up so the pronunciation is clearer,” he says. “We’ve concentrated on the first 20 minutes to give people a chance of getting into it. We didn’t want them to reject it from the beginning. After that, they either get it or they don’t.”

Miramax describes the doctoring as a “slowing down”.

American readers also are being helped with Irvine Welsh’s original novel, which is to be published with a glossary to coincide with the film version’s release. Gerald Howard at New York publisher WW Norton compiled the glossary with some help from the author.

“It’s not an easy read for an American,” says Mr Howard. “The glossary will help, but in any case the book works a good deal like Anthony Burgess’s A Clockwork Orange – if you stick with it for 20 pages you catch the rhythm of the language.”

Many of the words explained in the glossary are relatively common British slang – bevvy, dosh, gaff, giro and rat-arsed. But there are plenty that would bemuse most other English-speakers as well: “biscuit-ersed” (self- pitying), “coffin-dodger” (senior citizen), “draftpaks” (nutters, low life, or a container for alcohol) and “square-go” (a fist fight with no knives or barstools). The Paris Review, a literary magazine, is printing the glossary in its June issue, so it may well become a cultural artefact in its own right.

Sally Hibbin, a producer at Parallax Films, accuses Americans of being lazy about foreign accents and dialects. “We’ve struggled to listen to God knows what accents here, all sorts from all around America, yet they can’t take the time and trouble to understand ours,” she says.

She has produced Ken Loach’s last five films, all of which have sunk without trace in the US. She blames the distributors for insisting that Loach’s films be dubbed or subtitled. “The kind of performances Loach gets, which are very emotional, lose all their character when you dub.”

Matt Mueller, the American-born editor of Premiere movie magazine, says he’s not surprised that Miramax has decided to dub Trainspotting. He watched the film with American friends who “had a really difficult time understanding it”.

“I suppose it’s rather patronising to American audiences, but sadly it is true that they have problems understanding different accents.”

The British film industry seems to agree that Americans can’t understand any English but BBC-style received pronunciation. The Commitments and Shallow Grave, which was also made by Andrew Macdonald and director Danny Boyle, are thought to have flopped in the US because of difficult Irish and Scottish accents.

Although dubbing may be painful for British film-makers, it may have been the key to commercial success for films shown in the US in the past. My Left Foot, In The Name Of The Father, Hear My Song and Local Hero were all partially dubbed.

Riff-Raff was shown with subtitles and Gregory’s Girl was completely dubbed, using different actors. Andrew Macdonald says the fake Scottish accents in the latter were unforgettable, “like Sean Connery or Scottie off Star Trek. But,” he points out, “the film was a great success there.”

Mad Max was also a big success in the US, but only after its original Australian accents were replaced with American ones.

Ms Hibbin suspects that beyond the barrier of accent, the real problems that Americans have with Loach’s films are cultural, that they are “very British and deeply political”. Americans seem to prefer films where Britain is preserved in aspic, either in an Edwardian heyday or in the twee world of Four Weddings and a Funeral.

Welsh’s depiction of Scotland’s junkie subculture may come as an unwelcome shock, regardless of how the characters speak. American ignorance about Welsh’s world was revealed last week during the Cannes film festival. One headline ran: “Author of Trainspotting drug novel tried heroin.”

Next we’ll be hearing that William Burroughs once smoked a joint.

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